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miércoles, 3 de febrero de 2010

Cien

Esta es la entrada número 100 del blog. No son muchas para el tiempo de su absurda existencia, pero es que soy bastante plasta y no se puede escribir muy a menudo.
El 100 no es un número de la serie de Fibonacci, una pena. Yo, de momento, sigo en mis trece (que sí lo es) porque creo que la matemática, como otro lenguaje más, es creación de la mente humana, nuestra manera de comprender el mundo en que vivimos. Y la física que no se adpata a los patrones matemáticos nos resulta extraña y oscura, pero es sólo porque no se adecúa a nuestros modos de conocimiento. Las cosas no tienen una lógica ni un orden interno y real, sino sólo el que podemos aplicarles, haciéndolas así cognoscibles y domesticables. La razón no es algo que pertenezca a la realidad sino sólo al entendimiento. Es, por así decir, el molde de nuestro conocimiento. Es como el cubo de playa de un niño que, después de llenarlo y dejarlo cuidadosamente en el suelo, se asombra de que esa masa de arena tenga la misma forma que su cubo.
Un tal Aristóteles dijo aquello tan famoso de que "el arte imita a la naturaleza". Pero no se refería, como se suele pensar, a que Antonio López pinte un membrillo que está delante de sus narices, sin oa que los procesos del arte son semejantes a los procesos de la naturaleza. Quizá porque éstos son los únicos que nosotros podemos descubrir, quizá porque con el cubo de plastico apresamos la realidad y con él creamos después un objeto artístico, un afbuloso castillo de arena. Quizá son semejantes porque es una y la misma razón la que cree descubrir aquí y crear allá, porque sólo tenemos un molde que utilizar. Pero no me voy a poner yo a dar lecciones a Aristóteles, ¡hasta ahí podíamos llegar! Porque además él quería decir que arte y naturaleza se oponen al azar, ya que todos sus actos están encaminados a un fin. Aunque quizá el fin sea parte fundamental del molde...
A lo que iba es a lo siguiente. Como dije, los artistas se han servido de estos descubrimientos, matemáticos, naturales o como se quiera. Aquí tenéis dos ejemplos de mi enfermo mental favorito. El primero es la "Leda atómica", de 1949. En él podemos ver a Leda siendo seducida por Zeus, en uno de sus discretas transformaciones, esta vez un cisne. ¿Cómo un cisne puede seducir a una mujer? Pues entiendo que por algún tipo de embrujo y porque no le apetecería transformarse en George Clooney. De esta sencilla unión nacieron Cástor y Polux gracias al huevo que Leda puso, y también Helena y Clitemnsetra, tan jugosas para la épica y la tragedia.
La obra fue diseñada en colaboración el matemático rumano Matila Ghyka, que había estudiado en profunidad la razón aúrea.
La imagen se puede ver más grande si se hace clic sobre ella. Leda, que una vez más es Gala, parece estar sentada sobre un pedestal. Pero no. Es atómica porque Dalí quería representar las modernas teorías físicas que mostraban la discontinuidad de la materia y la ausencia de contacto entre las partículas subatómicas. Así, se puede observar que ella no toca el pedestal, ni éste su base; que todo flota armónicamente y que incluso el agua flota sobre la arena sin tocarla.
Pero es en un boceto donde se aprecia el método de composición, ya que la proporción dorada aparece también entre la diagonal y el lado de un pentágono regular, en el cual se inserta la escena principal del lienzo. Más en concreto, Dalí traza un pentagrama o pentalfa, una estrella trazada dentro de los tres triángulos isósceles del pentágono, que los pitagóricos usaban como símbolo secreto para reconocerse como miembros de la secta.

Pero me gusta aún más la que viene a continuación. Dalí quedó fascinado (no creo que le sorprenda a nadie) por la lectura de "la interpretación de los sueños", de ese obseso sexual llamado Freud. En parte, se insipiró en él para la elaboración de lo que llamaba método paranoico-crítico, mediante el cual buscaba materializar lo irracional, transformar el mundo onírico en imágenes, plasmar lo que subyace a la conciencia, lo desagradable, estacológico, incomprensible, junto con imágenes de la percepción ordinaria. La paranoia, si traducimos del griego, es lo que se encuentra junto a, o en frente del pensamiento o la mente. Hoy es una perturbación, una ilusión y, por lo tanto, falsa o irreal, pero coherente.
Y todo esto lo combiaba con los métodos más racionales y las rutinas más severamente establecidas. El sencillo título de la obra que veis es "Semitaza gigante con anexo inexplicable de cinco metros de longitud", pintada entre 1944 y 1945, donde se combinan magistralmente lo onírico y lo matemático. Podemos ver la granada que aparece en tantas obras, los objetos flotantes y el paisaje de Cadaqués (en conreto, un islote del cap de Creus llamado "sa rata", que además parece un rostro emergiendo del agua, para rizar el rizo).

Desde luego, el cuadro delirante sí que es, para variar. Pero esta vez el anexo inexplicable que sale de la taza es enteramente explicable porque obliga a prolongar el lienzo hasta construir un rectángulo áureo. Y a éste se llega después de la construcción de otros cuatro rectángulos áureos, construidos a partir del cuadrado en que se inserta la taza.
La luz y la sombra del horizonte marcan el paso de la espiral que atraviesa los rectángulos y que termina exactamente en la base de la taza flotante.



"El hecho de que yo, en el momento de pintarlas, no entienda el significado de mis cuadros no quiere decir que no lo tengan; al contrario, su significado es tan profundo, complejo, coherente e involuntario que escapa al simple análisis de la intuición lógica"
(Salvador Dalí)
Porque las cosas, las obras de arte, el universo en su conjunto no tiene más significado que el que uno sea capaz de extraer con las herramientas de las que dispone y, creo yo, tendrá siempre la misma forma que el molde con el que lo extraemos, matemática u onírica.

Alcmeón de Crotona: Acerca de las cosas invisibles y de las cosas mortales, los dioses tienen conocimiento evidente; pero los hombres sólo poseen conocimiento a través de signos (DK 24 B 1).
Filolao de Crotona: Todas las cosas tienen, en verdad, número; pues sin él nada se puede pensar o conocer (DK 44 B 4).

sábado, 14 de marzo de 2009

Enfermos mentales: El virrey de Sicilia

¿Qué siginifica este título? Se estará preguntando alguno o alguna. Pues eso quiero saber yo también.
Para mí, dentro de una infinita variedad de bastardos e infraseres que componen nuestra involucionada especie, hay una tipología de colgaos muy sencilla: los hijos de perra de toda la vida, que son conscientes de su propia patraña y sólo buscan timar a hipo-infra-seres, que en consecuencia han de ser más retrasados que ellos; y la clase de los Carlos-Jesuses, tan colgado que obviamente están profndamente convencidos de su propia mierda. Los de esta categoría, quieras que no, inspiran un sentimiento intermedio entre el cariño y la grima (que podemos llamr grimiño).
Aquí hemos de encuadrar al sublime virrey de Sicilia. Perdón, al heredero legítimo del V virrey de Sicilia, que como podéis comprobar se gasta la furgo más guapa de toda Salamanca. Pero, ¿Hay en Salamanca algo más que catetos, señoras con abrigos de piel y Richards con moto, cadenas de oro y mechas teñidas con agua oxígenada? Pues sí, también hay enfermos mentales como éste que por lo menos te arrancan una sonrisa al pasar por su vehículo-chalet-esperpento con ruedas.


Atención porque para llamar un poco la atención sobre su vital mensaje, previamente ha robado las banderitas de las fiestas de los pueblos con las banderas de cien países cuyo sentido nunca alcancé a comprender.
Me he molestado en buscar lo que quizá este personaje no conozca. No sé muy bien cómo ha trazado este señor su árbol genealógico, pero resulta que hubo 58 virreyes españoles de Sicilia, y el quinto en concreto fue Juan de Vega (1547-1557). Pero yo le creo y apoyo su causa. Si en pleno siglo XXI la monarquía es hereditaria, ¿por qué van a ser diferentes los virreyes, figuras indispensables para los gobiernos de las regiones conquistadas? Yo estoy contigo, y por eso quiero hacerte esta publicidad e incluir tu magnífico manifiesto. Mereces todo lo que pides, todos sabemos que te robaron más que a Ruiz Mateos, y que la Nasa está metida de lleno en este asunto. Ánimo, legítimo virrey:

"Legados estos poderes por mis antepasados universal e internacional único planeta que se me devuelva toda la herencia de un valor incalculable. Reclamo lo mío a:
El Vaticano, Opus Dei que no dan la cara por los intereses creados, ocasionándome muchos daños morales, a la NASA, la ONU, gobiernos, la CIA, la UNESCO, Organismo de Cultura, el mayor responsable de destrucción de archivos históricos manipulados por el Opus Dei como el de Simancas, a empresas multinacionales financiadas con la herencia que me pertenece por ley. En centroamérica, los galeones con todo u cargamento de oro, están escondidos, protegidos y olvidados por ciertas organizaciones y estamentos que todos sabemos y tenemos en mente como multinacionales y organismos oficiales, religiones, etc, etc".

¡Larga vida al virrey!

martes, 9 de septiembre de 2008

Enfermos mentales: Matt Groening (2ª parte)

Esperaba con curiosidad los comentarios de la anterior entrada sobre este tema y este señor, porque me encanta conocer lo que más le gusta a cada cual de los Simpsons. El repertorio es tan amplio que hay mucho donde elegir. Sabía, por ejemplo, que Estatua es fan declarada del capítulo "Campamento Krusty", Charly comentaba alguno como el mítico "Flameado de Moe", y sé que el Tito Mati siente predilección por las subnormalidades de Ralph Wiggum. Pero qué decir de Barney, el señor Burns, Skinner o gentes más raras como Disco Stu, Troy McClure o el gran actor secundario Bob. Son tantos personajes, tantos diálogos y tantos capítulos, que sería imposible mencionar a la cuarta parte. En fin, un breve repaso:

Ahora, tras 25 nominaciones a los Emmy, Groening acaba de estrenar su capítulo número 400 de Los Simpsons, después de realizar, como supongo que todo el mundo sabe, una película, que no ha dejado contentos a todos, por las opiniones que yo he podido escuchar. Pero en fin, a mí no me disgustó porque era lo que me esperaba y hay que reconocer que no se puede mantener el listón tan alto después de veinte años; la verdad es que algunos capítulos de las primeras temporadas son insuperables.

Pero su mente inquieta y claramente enfermiza no se conformaba con el éxito de los Simpsons, y junto a David X. Cohen creó la serie Futurama, en la que podía dar rienda suelta a todo tipo de desvaríos. El protagonista, Fry, viaja accidentalmente en el tiempo hasta el año tres mil, lleno de extraños extraterrestres, mutantes y cabezas enlatadas, en el que comarte protagonismo con un robot, Bender, y con una cíclope, Leela, además de otros personajes que muchos conoceréis, entre los que, por supuesto, quiero destacar al siempre repugnante Dr. Zoidberg. Futurama, que era el nombre de la feria mundial de Nueva York de 1939, permite a Groening satirizar sobre la ciencia ficción y dibujar cualquier cosa que se le pase por la cabeza, por ridícula que sea; de hecho, casi cuanto más ridícula mejor.
La serie, por supuesto propiedad de la Fox, comenzó a emitirse en 1999, con relativo éxito, consiguiendo incluso algunos premios y nominaciones. Sin embargo, la cadena esperaba mucho más y decidió cancelar la serie en 2003. Y así pasó unos años en suspenso, que Cartoon Network aprovechó para comprar sus derechos, relanzando esta historia del siglo XXXI, que también triunfaba en sus ventas en DVD. La Fox, que ahora parece haber reconocido su error, negoció con Groeneing, quien accedió a crear cuatro películas que se dividen en otros cuatro capítulos cada una y no serán emitidas en cine. La primera llegó a España en abril de este 2008 ("El gran golpe de Bender") y las siguientes están en camino. Aquí os dejo un adelanto en el que se mofan de lo lindo de la susodicha cadena, algo también típico de Los Simpsons. Yo siempre preferiré las historias de Springfield y de Homer, pero espero que Futurama siga adelante porque me encantan los desvaríos de las mentes perturbadas.

www.Tu.tv




Ahí tienes a tu mordisquitos, para que luego no digas que no lo he puesto.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Enfermos mentales: Matt Groening (1ª parte)

Cuando empecé este blog quería que me sirviera como motivación para buscar y aprender algunas cosas, porque cuando tienes intención de contar algo a alguien conviene informarse un poco del asunto. Y en este caso he tenido que hacerlo más que nunca, porque me despertaba muchísima curiosidad y era muy poco lo que sabía de este personajillo.
El tal Matt nació en 1954 en Portland, Oregón, y desde muy pequeño parece que estuvo siempre con lápiz y papel entre las manos, aunque su intención inicial era la de ser escritor, por lo que a los 23 años se fue a Los Ángeles. Allí, mientras vivía en un enano y ruidoso antro, trabajó de chófer, lavaplatos y limpiando una planta de aguas residuales, por lo que en sus ratos libres se dedicó a escribir y dibujar un cómic que llamó "La vida en el infierno" (Life in hell). Empezó a trabajar en un periódico y a su jefe le gustaron sus dibujos, así que publicaron sus cómics y pronto se hicieron populares. El protagonista es un conejito; si os fijáis, y doy por hecho que por aquí pasa algún simpsons-adicto o futurama-maníaco, el conejo se parece un montón al que sale en un vídeo en el capítulo en el que Milhouse se echa novia y Bart se apesta del tema. Ésta vaya:

Después, en una muestra más de que este señor no está muy bien de la cabeza, escribió "El colegio es un infierno", "El amor es un infierno", "El trabajo es un infierno" y "El gran libro del infierno".
Pero sus cómics llamaron la atención de un tal James L. Brooks, cuyo nombre habréis leído tantas veces en los créditos, quien ya era conocido por contribuir al éxito de "La fueza del cariño" (que levante la mano quien la haya visto), película que ganó varios Oscar. El caso es que James le pidió a Matt que crease unos personajillos y los animase para que salieran en la cortinilla de antes y después de la publicidad en un programa con bastante audiencia. Aparecieron por primera vez en 1986 y parece que no disgustaron al personal. Según dice lo hizo en quince minutos y sin pensarlo mucho: dibujó lo primero que se le ocurrió y teniendo en cuenta que su padre se llama Homer, su madre Marge y sus hermanas Lisa y Maggie, pues tampoco parece que se lo currase mucho. Y al niño, por no llamarle Matt que ya sería muy descarado, se le ocurrió que Bart era casi lo mismo que brat (mocoso). Así que ya estaba todo, y en unos años hizo una serie de 48 cortos de un par de minutos. El programa no fue bien pero los cortos gustaron, por lo que le propusieron una serie a partir de 1989. Y lo demás pues ya lo sabéis, que los Simpsons fueron creciendo hasta convertirse en todo un mundo de personajes y lugares que forman parte de las vidas cotidianas de muchos, porque además pasarán cien años y seguirán poniendo una y otra vez los mismos capítulos. En fin, que visto lo que sale de la mente de este señor me hace pensar que debe ser un perturbado de aúpa, pero con una imaginación y una ironía también fuera de lo normal.
Continuaré con la entrada en otro momento, porque me quedo con ganas de más y así puedo poner algo de Futurama.
Éste, sin duda, es uno de mis favoritos, aunque haya a quien no le gusten los capítulos de Halloween, a mí hay algunos que me parecen superiores.

jueves, 3 de julio de 2008

Enfermos mentales: Alcibíades (II)

Estamos en el 415. Una ciudad siciliana, inmersa en una guerra que difícilmente puede ganar, solicita ayuda al ejército ateniense, por lo que el tema se debate en la Asamblea. Nicias es partidario de no acudir al combate, por lo costoso de la expedición y la necesidad de consolidar las ciudades de su imperio. Alcibíades, en cambio, ve la oportunidad de conseguir un poderoso y rico aliado, que devolvería a Atenas su antiguo esplendor, contando además con el apoyo de un pueblo resentido por sus sufrimientos. Así pues, se enviará ayuda.Pero un suceso resultaría decisivo en el destino del ambicioso Alcibíades y probablemente en el de la expedición y la propia guerra. La noche antes de partir, fueron mutiladas la estatuas del dios Hermes que poblaban la ciudad y que simbolizaban, entre otras cosas, la fecundidad. Los ciudadanos, supersticiosos de por sí e inmersos en una situación tan convulsa, temen que un castigo de la divinidad ponga en peligro la expedición, generando un miedo que inquieta a Alcibíades, que desea partir cuanto antes. Es entonces cuando sus enemigos le acusan de la profanación, pero no hay tiempo para juicios, el ejército ya está listo para irse. El joven general, famoso por sus excesos en el ámbito personal, fue finalmente acusado del sacrilegio, por lo que se envía una nave en su busca para que se le juzgue. Puede que hubiese motivos para ello, o puede que quienes se oponían a la expedición provocaran el miedo en la población para evitarla. En cualquier caso, Siracusa pidió ayuda a Esparta, terminando así con la paz pactada y poco después con la vida de Nicias y el ejército ateniense que se encontraba en Sicilia.
Alcibíades, temiendo por su vida, y con motivos, accedió a ayudar al enemigo si éste juraba protegerle. Esparta contaba ahora con dos poderosos aliados: un general que conoce a la perfección los secretos atenienses y el ejército persa, que desea aprovechar la debilidad de su antiguo adversario y se aproxima para hacerse con el control de Asia Menor. La ayuda de Alcibíades fue decisiva para conseguir unas cuantas vistorias sobre Atenas. Pero su carácter, o quizá las sospechas que suscitaba su ambigua fama, le llevaron a enemistarse con el jefe de los espartanos, con cuya esposa se le relacionaba.
¿Qué le faltaba por hacer en ese momento de su vida? Aliarse con los persas e intentar usar su influencia para perjudicar a Esparta. Con esto, se ganó de nuevo la confianza de los atenienses, algo que seguramente había pretendido. Con su regreso final a Atenas en 407 a. C., quedó bien claro que poseía unas dotes para la oratoria comparables con su hablidad estratégica. Aunque también se vio favorecido por los constantes cambios de gobierno y el desconcierto general. Pero el ejército ateniense estaba ya casi diezmado y la guerra terminó en 404 tras la batalla de Egos Pótamos. Alcibíades logró escapar y se refugió en los territorios persas, aunque parece que los espartanos dieron el aviso y fue asesinado poco después. Un hombre lleno de excesos y de virtudes, un enfermo de los que me gustan.

Enfermos mentales: Alcibíades (I)

Situémonos: estamos en el año 450 a.C., Atenas es el centro de la civilización occidental, años después de resistir valerosamente al ataque de los persas. Económica y culturalmente se encuentra en su apogeo, con Pericles a la cabeza, reuniendo tantos intelectuales y buenos comerciantes como le es posible. Pero, aparte de la arrogancia de ciertos sectores de la ciudad y sus gobernantes, en esa fecha comienza a gestarse parte de las desgracias que sufrirá en años venideros. Nace Alcibíades, un hombre de familia noble y poderosa, cuyas dotes de mando, astucia, poderío físico y ambición se dejan notar desde su juventud y toda la ciudad piensa en él como un futuro general capaz de superar en heroicidades y gloria a Temístocles o al propio Pericles, que además era su tío.
Sin embargo, desde muy antiguo los griegos consideraban como el peor de los delitos el exceso, la falta de moderación y de respeto hacia los límites naturales y humanos, que serán transgredidos por Alcibíades día tras día. Y, de lamisma manera que Alejandro destruirá todo aquello que su maestro Aristóteles había admirado y defendido, Alcibíades se caracteriza por su carácter enteramente opuesto a Sócrates, no sé si maestro, pero sí amigo y compañero. El uno, siempre descalzo, sin apenas posesiones, dedicado a la filosofía y a la conversación callejera. El otro, adornado siempre con lujosas vestiduras y posesiones, mirando al pueblo por encima del hombro, y obsesionado, como tanto otros griegos inspirados en la épica, por los honores y la fama, por la inmortalidad de su nombre; como Aquiles.
Llega el año 432 (o 431, no está claro), y Atenas ve amenzado su poder por una pequeña ciudad, Potidea, que amenzaza con rebelarse. Se libra entonces una batalla que desencadenaría la posterior guerra contra Esparta y sus aliados, y donde se dice que Sócrates salvó la vida al presuntuoso Alcibíades. Y como a los espartanos les hacía falta poco para ponerse el caso y coger el escudo, decidieron invadir Atenas para acabar con la hegemonía de la ciudad. El amigo Pericles, que se lo veía venir, dirigió a todos los ciudadanos al interior de los muros que unían Atenas con el puerto de El Pireo, protegiéndolos de un enemigo superior en el combate por tierra, pero no de una brutal epidemia que acabó con la vida de miles de personas, incuida la suya.
¿Qué pasó entonces? Pues que los atenienses resistieron unos años como buenamente pudieron, hasta que, en 421, un general ateniense llamado Nicias, prudente e inteligente como el propio Sócrates, consiguió firmar una tregua. Alcibíades ya tiene edad suficiente como para ser uno de los generales más importantes y su orgullo no le permitirá olvidar los daños que su ciudad y su pueblo han sufrido. Durante algún tiempo parece dedicarse a la vida sencilla y tranquila que siempre le caracterizó: de orgía en orgía y de borrachera en borrachera, que para eso hay un dios del vino a quien rendir culto. Y en estos menesteres se entretuvo, esperando su oportunidad de vengarse, de conseguir grandes gestas y ser recordado como el héroe que devolvió a Atenas todo su esplendor.
Esto va a ser un poco más largo de lo que creía, así que esta noche lo acabo, que queda lo bueno.

jueves, 12 de junio de 2008

Enfermos mentales: Diógenes de Sínope

Indagando en un blog amigo, encontré una cita que me ha servido de inspiración. Intento no explotar aquí mi vena espesa para no aburrir al personal, pero creo que el personaje en cuestión es cualquier cosa menos aburrido. No es, desde luego, un filósofo al uso, no es una mente a la que resulte imposible poner imagen; es más bien un carácter, una personalidad, una actitud.
Para situarnos, necesito hacer una introducción teórica. Diógenes es el más conocido representante de la que para mí es la tendencia filosófica más menospreciada de la historia: el cinismo. Los cínicos pertenecen a ese grupo que suele denominarse "socráticos menores", pues su fundador, Antístenes, era un amigo muy cercano de Sócrates, en quien se inspiró como modelo de vida, más que de pensamiento. También, en cierto modo, los cínicos son deudores de los sofistas, quienes hicieron popular la distinción entre physis y nomos, entre naturaleza y convención. Y en una época en que la ciudad se resquebraja debido a guerras y corrupciones, apostarán por un modo de vida que consideran natural, ajeno a los absurdos que genera la sociedad y sus convenciones. Proclamaban la libertad de palabra y comportamiento, apostaban por una vida ordenada, autárquica, y su ideal consistía en la imperturbabilidad, en una sociedad en la que los deseos artificiales gobernaban a la multitud. Por eso, siguiendo a Sócrates afirmaban: "si el no tener necesidades es lo propio de los dioses, el tener las menos posibles será lo que más nos acerque a ellos, lo que nos haga más divinos".
Pero vamos ya al asunto. Hoy cuando te llaman cínico, no cabe duda de que te están insultando. Y en realidad antes también. Aunque hay quien le busca otro origen, el término se debe al adjetivo que le dedicaban a Diógenes por su modo de vida, kynikós, o sea, perruno, porque se comportaba como un perro. Él, por supuesto, se lo tomaba bien y lucía orgulloso este nombre, e incluso parece que también mordió a mucha gente, y no es una expresión. Y es que dentro de las virtudes proclamadas por los cínicos, Diógenes destacaba sobre todo por la anaideia, que viene a ser algo así como la desvergüenza, la ausencia de pudor. Detestaba la especulación, por lo que lo que sabemos de él se debe a las múltiples y geniales anécdotas que nos han llegado.
Desde joven se dio cuenta de la cantidad de necesidades superfluas que esclavizaban a los hombres, así que, tras observar la tranquilidad y libertad del resto de animales, deicidió actuar como ellos, como el ratón que se pasea feliz sin preocuparse por todo aquello que los hombres consideran provechoso.
Marchó de su ciudad con sólo un zurrón en el que guardaba una copa y un plato, pero los tiró cuando vio cómo un niño bebía de sus propias manos el agua de un riachuelo.
Dormía y comía en cualquier sitio, e incluso era conocido por hacer sus necesidades en público.
Una vez, cuando alguien le increpó por masturbarse en plena calle le dijo: ojalá pudiera saciar el hambre con solo frotarme la barriga.
Al llegar a Atenas, pidió a un conocido que le buscase un lugar para vivir, y como tardaba, cogió un tonel de un templo y en él encontró su casa.
Fue vendido como esclavo y cuando le preguntaron qué sabía hacer, respondió: gobernar hombres.
Una vez fue invitado a la mansión de un hombre importante, quien le dijo que no escupiera en el suelo. Y como tenía ganas de hacerlo, le escupió en la cara, porque decía no haber encontrado un lugar más inmundo en toda la casa.
Muchos se reían de él, pues actuaba de manera diferente al resto. Unos hombres que comían le arrojaron los huesos como a un perro. Y él, como perro que era, les orinó encima.
Aceptando el nombre que le habían puesto se presentaba así: soy Diógenes el cínico. Meneo la cola a los que me dan algo, ladro a los que no me dan y muerdo a los malvados.
Llegó a ser muy famoso en toda Grecia y se cuentan muchas anécdotas de encuentros con el Gran Alejandro, ya que eran contemporáneos. La más conocida de todas, es aquella que cuenta que, estando Diógenes tumbado en la calle, se le acercó y le dijo: "pídeme lo que quieras", y le contestó: "apártate que me estás tapando el sol".
Por supuesto, siendo toda una leyenda, se le atribuyen cosas, como ésta, mucho más cercanas a la fantasía que a la realidad. Pero todas concuerdan con su modo de ser.
Y para acabar quiero quejarme de algo que me parece un crimen espantoso. ¿Qué ha quedado de Diógenes para la posteridad? Era un hombre del que aún hoy podemos aprender valiosas lecciones, alguien que rechazó la cultura y la sociedad de su tiempo, que se había vuelto corrupta y que, resueltas las principales necesidades de la vida, se ocupaba de las cosas más absurdas y artificiales. Denunció lo absurdo de la superstición, de la obsesión de los ciudadanos por las apariencias y las opiniones ajenas. Pues bien, ¿que nos queda hoy de su figura, de su nombre, cuando personajes verdaderamente repugnantes y violentos presiden calles, plazas y avenidas? Un trastorno del comportamiento que consiste en acumular bolsas de basura y en convivir con tres docenas de gatos: el síndrome de Diógenes. Me permitiréis, después de algunas anécdotas escatológicas, que me cague en la ciencia médica y en la madre del que le puso el nombre al trastorno. ¿Tan faltos estamos de términos para las enfermedades? Y además, el pobre Diógenes, que tiró su plato y su copa porque había un modo más sencillo y natural de comer y beber, que despreciaba la propiedad y la acumulación de las cosas inútiles que ha creado la sociedad, lo último que querría sería encerrarse en casa con tres toneladas de basura.
¡Qué injusta es la historia!

martes, 3 de junio de 2008

Enfermos mentales: un colega y Pepito

Acabo de rescatar una caja de zapatos de casa de mis padres. Como si yo tuviera zapatos... Es una caja que abro cada cierto tiempo (bastante), en momentos de melancolía o añoranza de tiempos pasados. La caja está llena de cartas, y dado el tamaño de mis pies, pues seguramente habrá más de cien. Y es que la adolescencia es un período muy difícil en la vida de las personas, y yo en particular hacía cosas verdaderamente extrañas en las que no merece la pena entrar, aunque no digo que ahora no las haga, pero es curioso comprobar las que uno hacía y ya no hace. Siempre he tenido cierta tendencia a comunicarme por escrito, porque a uno le da tiempo a pensar las cosas y a repasar y suprimir las que no te gustan después de leídas. Pero eso tiene sentido cuando tienes que decir algo importante, que generalmente no era el caso.
El caso es que en una época sin teléfonos móviles ni sms, en la que mis padres me abroncaban por las absurdas conferencias en las que malgastaba las tardes con gente con la que pasaba toda la mañana; en una época, digo, en la que Internet era una palabra sin significado, el mejor modo de comunicarse era, sin duda, el correo de toda la vida. Pero, en general, todo era también bastante absurdo, porque empecé a cartearme con unas cuantas personas, la mayoría de las cuales iban conmigo al instituto, y a veces nos dábamos las cartas en mano por la mañana. Había un caso más curioso, porque me escribía también con una vecina, que todavía sigue siendo amiga, y nos dedicábamos a dibujar los sellos y hacernos coñas con ellos. Era muy gracioso.
Respecto al contenido de las cartas prefiero no decir nada, porque hay algunas que son completamente vergonzantes, de éstas que dan tantísima grima que no puedes acabar de leerlas. Son cartas que me escribían a mí, pero soy perfectamente consciente de que las mías daban la misma dentera. En mi defensa y la de los demás tengo que decir que las primeras que conservo son del 96 y con las edades que teníamos nos creíamos personas pero no lo éramos.
Otra cosa que quiero comentar es que, en una fase de la vida en la que las hormonas nublan cualquier posibilidad de raciocinio, los carteros tenían que sufrir todo tipo de chorradas, porque las buenas cartas empiezan ya en el sobre.
Y esto que podéis ver es obra de la única persona con la que tenía sentido escribirse. Se hace llamar Vdi, porque él cree que está bien de la cabeza, pero no. Podéis ver su pagina de MySpace en los vínculos y disfrutar de sus músicas, porque el tío es un valiente y compone de todo con su teclado, su guitarra, y sus múltiples e incomprensibles programas. Y a pesar del enlace el muy mamonazo nunca se pasa por aquí. Nos conocimos cuando éramos muy pequeños (él , por supuesto era mucho más pequeño, en todos los sentidos) y sólo nos veíamos en verano. Así que empezamos a escribirnos cual rollo veraniego. Con todo el mundo me pasaba algo curioso, siempre había conflicto por la tardanza en contestar, pero muchas veces tampoco había gran cosa que contar. Y como no merecía la pena malgastar un sobre y un sello para escribir diez líneas, pues al perturbado en cuestión se le ocurrió inventar una historieta, siendo como es afinicionado al dibujo y a El Jueves. Y así surgió Pepito. Un joven incomprendido y maltratado por la sociedad al que no le queda más remedio que tomarse la justicia por su mano. Eso, un superhéroe como otro cualquiera. Lamento no poder aportar todo el material del que dispongo por su alto contenido violento y erótico; y como no hay nada de esto en la red, pues no quiero ser yo el que la ensucie. Pero sí os puedo ofrecer una pequeña presentación gracias a la magia del scanner.
A veces nos encontramos en el messenger o nos mandamos algún mail, pero claro, ningún ordenador ofrece tantas posiblidades como una mente enferma con un boli y un papel. La vida es así, se están perdiendo las buenas costumbres.

lunes, 26 de mayo de 2008

La Musa Gala

Los antiguos se servían muy a menudo de la palabra música, cosa que sorprende muchas veces al lector no habituado a la terminología. Pero la cosa es tan simple como que la música es el arte de las Musas, el inspirado por ellas. Por eso abarcaba un ámbito de actividades tan amplio. Y es que, cuando alguien sobresalía por algún tipo de habilidad, en lo que hoy llamaríamos el mundo de las artes y las letras, se tendía a atribuir el logro a las divinidades, que para eso tenían tantas. No como ahora, que con un solo Dios es más aburrido: todo lo hizo él y todo es gracias a él... Para ser omnipotente es un poco egoísta, lo del trabajo en equipo no lo lleva bien. Pero claro, hay que ponerse en su lugar, porque dirá: "para que venga otro y lo haga peor, pues ya lo hago yo". Y como algunos ángeles son un poco rebeldes, pues mejor dejarlos tranquilos.
Bueno, que me desvío. El tema es que las Musas son hijas de Zeus (que es otro que debe de ser del Opus porque más hijos no se pueden tener) y de Mnemosyne, la memoria. De ahí que puedan recordarlo todo y ofrecer a sus inspirados unos conocimientos inaccesibles al común de los mortales. Son nueve, y cada una está especializada en algún arte en concreto. Pero mira tú por donde no hay ninguna musa de la pintura, porque como los griegos pintaban en vasijas y esas cosas, tampoco le daban mucha importancia. Sí que había pintores famosos, pero se considraba un arte menor en comparación con la arquitectura, la escultura, la poesía y la música en sentido restringido. Quizá por eso Dalí tuvo que buscar su inspiración en algo más terrenal que, aunque no pudiera recordarle las hazañas del pasado ni las mil naves que viajaron a Troya, por lo menos le serviría de modelo. Y ya que estaban, se casó con ella y así la tenía siempre a mano.
Y esa musa se llamaba Gala, aunque su verdadero nombre era Elena Dimitrovna Diakonova, o algo así. Antigua esposa de Paul Éluard, y por lo tanto unida de antemano al surrealismo, conoció a Dalí en 1929 y se casó con él tres años después. Algo que me llama la atención, no es para menos, es el hecho de que el pintor le compró un castillo en Púbol, donde ella recibía a sus múltiples amantes, por supuesto con consentimiento. Él siempre habló de ella, como su salvación, su gran amor, puesto que sin su ayuda bien podría haber pasado por un simple loco. Por eso, más que su musa e inspiración (que también), Gala supuso para Dalí el impulso para seguir viviendo y creando. Le atribuía a su compañía todo su éxito y su rostro y su cuerpo están presentes en muchísimas obras. Especial predilección parecía sentir por su torso y su espalda, que aparecen casi tanto como su rostro. Éste, a su vez, fue utilizado para dar vida a muchos otros personajes, entre ellos, varias veces, algunas vírgenes, como la de Port Lligat. Así que, como los griegos, divinizó el objeto de su deseo y su inspiración, pues seguro que pensaba que ese objeto y todo lo que le inspiraba, no eran propios de un ser humano.

lunes, 19 de mayo de 2008

Enfermos mentales: Salvador Dalí


Yo no entiendo mucho de arte. Entiendo, como todo el mundo, de lo que me gusta y lo que no. Y como no pretendo aquí resolver el eterno enigma de qué es arte y qué no lo es, voy a hablar de mi enfermo mental favorito, que es Dalí. Es una personalidad que me admira más que ninguna otra. Y tenemos la suerte de conservar, aparte de toda su obra, muchísimos documentos visuales o escritos que nos permiten conocerle. Puede que Miguel Ángel o Van Gogh tuvieran una personalidad tan fascinante como la de este hombre (yo particularmente estoy convencido de que no), pero por desgracia no hay manera de comprobarlo. No tengo intención de discutir nada con nadie, ya que habrá quien no quiera colocarlo a la altura de otros maestros del arte, o quien crea que Picasso era mejor pintor que él. Yo no, y repito que me baso simplemente en una cuestión de gusto. Simplemente pretendo expresar mi profunda admiración por un ser humano que me parece tan fascinante como perturbado. De hecho, su aparente estado de locura permanente es una de las cosas que más curiosidad me despierta. En realidad, todo en él me llama la atención desde su bigote y su forma de hablar hasta esa mirada perdida o concentrada en alguna àrte del universo que el resto de seres humanos desconocemos.
Hice una entrada a propósito de los genios, a modo de presentación, y muchas cosas las escribía pensando en él. Y una cosa muy curiosa, que le pasa a todos los genios, es que son perfectamente consciente de ello, y generalmente no tienen reparo en reconocerlo (caso aparte es el de los que se creen genios sin serlo, pero eso ahora da igual). Y el caso de Dalí no es diferente. A mí la modestia nunca me ha parecido una virtud, algún día escribiré algo sobre el tema; y los genios no son modestos. Al contrario, se admiran a sí mismos porque son conscientes de su superioridad artística o intelectual. En algunos casos, como éste, la inteligencia y la imaginación son tan desbordantes que rozan la locura. O incluso van más allá de ella.
En relación con lo que escribí en aquel post, en torno a la inspiración de los genios, cuando escucho hablar a Dalí me parece que se encuentra en un estado de posesión divina interminable. Es como un extatismo, que se dice, como un estar fuera de sí, o alguien o algo dentro de él, que a los efectos es lo mismo. Es como un extraterrestre o un hombre del futuro, como una mente capaz de una visión y una penetración que, desde luego, es diferente y superior a la mía. Por eso me parece un auténtico enfermo, porque creo que hay algo en su mente que no está bien, y eso es lo que le convierte en lo que es.
De todas formas, es destacable la inteligencia de este señor. Siempre se destaca la imaginación y la intuición, pero la capacidad y la preparación son también imprescindible. Ya digo que yo entiendo poco del asunto, pero el conocimeinto que Dalí tenía de Velázquez y de Rafael parece difícilmente superable. Y también su interés por la ciencia y los nuevos métodos, por la aplicación de la matemática y la geometría, que obviamente resultan fundamentales para un pintor. Aunque, por supuesto, la imaginación de este personaje es, por lo menos, sorprendente. ¿Qué es la imaginación? Bonita pregunta. Pues me voy a aventurar a ofrecer una definición: debe ser una capacidad de trabajar con imágenes, claro está, pero con imágenes mentales, y que permite mezclarlas, con ayuda de la memoria, para generar algo nuevo, para ser creativo. Creo que con la imaginación no se inventa, o que no inventa sus materias primas, sólo las combina. Y en eso, dentro de mi pequeño espectro de conocimientos artísticos, creo que no ha habido nadie como él. Y probablemente resulta más imporate para un surrealista que para cualquier otro artista, especialmente si entiende el arte como imitación. Aunque, como él decía, lo suyo no era el surrealismo sino el hiperrealismo metafísico.
Termino ya, porque ahora que me he puesto a escribir he decidido dedicarle otra entrada otro día, para así introducir más imágenes y vídeos y hablar también de Gala.
Me he tomado la molestia de seleccionar las cien obras que más me gustan, así que las pondré en la barra lateral. Por supuesto, recomiendo que se le eche un vistazo. Y un par de vídeos, el primero es un fragmento de una entrevista que se puede ver completa. Me encanta porque su voz y sus palabras me resultan hipnóticas y poque además me encanta escucharle decir ácido desoxirribonucleico. Y el segundo (está en inglés, espero que se etiendan medianamente bien las preguntas) es una tontería de un concurso que he encontrado por casualidad, pero es que me resulta increíble lo que es capaz de suscitar en la gente con un simple sí o no.
En fin, copiando al genio de la lámpara, resumo todo esto con aquella frase de: "no hay un genio tan genial".


jueves, 8 de mayo de 2008

Enfermos mentales: el genio

Se me ocurre que voy a empezar una sección porque quiero que este sea un lugar en el que tengan cabida todo tipo de perturbados. Y quiero empezar haciendo unas consideraciones generales sobre una especie muy particular de perturbados, que son los llamados genios. Cabría aquí incluir al ya mencionado O'Sullivan, que además recientemente ha ganado el campeonato del mundo (¡Eres el amo!). Pero hoy no lo dedicaré nadie en concreto, sino a algo que me parece muy curioso, el hecho de que haya seres profundamente enajenados con una creatividad fuera de lo común. Por otro lado están los perturbados sin genialidad, que también tienen su gracia.
Cuando escribo algo, tengo la sana costumbre de consultar el diccionario de la RAE, a ver qué me cuenta. y ¡viva la polisemia!, siempre encuentra uno cosas y dice: es verdad, también significa eso. Así que, ¿qué es exactamente el genio? Pues, en primer lugar, una persona con mucho genio es alguien con cierta mala leche. Y aquí ya se sobreentiende, porque lo del carácter me hace más gracia: Pepito tiene mucho carácter. ¡No majo!¡Nada de mucho! Lo que tiene es una mala hostia que no puede con ella. Tiene mal carácter, no mucho, que todos tenemos uno del mismo tamaño.
Luego está el ser fabuloso con figura humana que aparace en cuentos, y no puedo por menos que poner una fotillo de éste en el que casi todos pensamos. Y un genio también es una de las deidades menores; éste es mi favorito, porque muchas veces se traduce como genio el daimon de Sócrates, porque lo de demonio suena un poco fuerte. Estoy pensando que le dedicaré una entrada, profundamente perturbado como estaba, que oía la voz del genio que le decía, haz esto, no hagas lo otro. "Un colgao", vaya.
Pero el genio que tengo en mente es el que va por la rama artística generalmente, aunque no tiene por qué. Y el hecho curioso es que teniendo una capacidad tan portentosa para el arte o lo que sea que practiquen, lo más normal es que estén más "pallá" que "pacá". La pregunta entonces es: ¿qué hace a una persona genial? El tema se discutió bastante en los siglos XVIII y XIX. Y como a mí eso me parece muy moderno, pues me voy a lo antiguo, porque los señores griegos entendían que la creación poética y artística era cosa de inspiración, de que al individuo en cuestión se le nublaba la inteligencia y era capaz de hacer maravillas sin pensar. Pero claro, aquello tenía su sentido y ya la misma palabra lo dice, porque inspirar no es otra cosa que meter aire en los pulmones, pero un aire muy especial, el hálito divino que penetraba en el artista y lo poseía y guiaba. Y hay dos bonitas palabras por las que se puede traducir poseído o inspirado, que son entheós y enthousiasmós (de donde viene lógicamente entusiasmo, algún día aprenderé a escrbir aquí en griego), es decir, endiosado, entusiasmado, guiado por alguna divinidad. Y así, el artista es una especie de títere, un vehículo de la divinidad y de la Musas. Y como está poseído, pues se comporta un poco raro.
Y la teoría que también me gusta, la de mi otro amigo enfermo mental, a quien dedicaré en su momento unas bonitas palabras, viene a decir que el genio es un tipo extremadamente inteligente, pero que posee un tipo de inteligencia diferente. No es como el científico que conoce las relaciones entre objetos, que se mueve gracias al principio de causalidad, el espacio y el tiempo y todas esas cosas en las que no me puedo detener. No, el genio no considera relaciones, ni de las cosas entre sí ni con su voluntad particular, sino que las ve en su pura objetividad, ve las ideas platónicas que ejemplifican, lo que en ellas hay de inmutable. Conoce por intuición y no por abstracción, y es tan profunda su visión que se olvida de sí mismo, se queda absorto, tanto que ya "no importa si contempla la puesta de sol desde una mazmorra o desde un palacio". Y así, el pobre se olvida de sí mismo y de las cosas que le atañen y a los demás nos parece un demente que no cuida de sus asuntos tanto como debería. En fin, será eso o será un golpe que se dieron de pequeños, pero así son los genios.