Estamos en Nashville, Tennessee. En muhos sitios del mundo, en USA en particular, existe la costumbre de replicar edificios significativos de otros lugares, pues no hay ciudad modernilla que se precie sin una torre Eiffel. Y prefiero obviar la mención de esas cosas tan horripilantes que gustan tanto en Las Vegas, con hoteles que ridiculizan muchos de los lugares en los que, a diferencia de allí, la palabra cultura tiene todavía algún significado.
Dejando eso al margen, resulta que en Nashville se organizó una feria en 1897,y a alguien se le ocurrió que, como pieza estrella, estaría bien una réplica del Partenón, a tamaño real. El primero estaba hecho en madera y yeso, pero les quedó tan bien que decidieron reforzarlo con cemento para darle la consistencia adecuada, a pesar de que la idea inicial era la de demolerlo como el resto de piezas.
Lo cierto es que desde entonces se han ido esmerando con la réplica, adaptádola lo mejor posible a como se sabe o se cree que era cuando se concluyó el original, en el 432 a. C, para lo cual, lógicamente, sus diseñadores estuvieron un tiempo a medio camino entre Atenas y Londres. Incluso se tomaron moldes de las estatuas originales, todo ello con el propósito de que el visitante tenga una idea aproximada de cómo era aquello en su día.
Hablamos, más o menos, de un edificio de 70 metros de largo, 31 de ancho y columnas de algo más de 10 de alto, que incluso mantiene las curvas y desvíos del original, que buscaban generar un efecto óptico de grandeza que no permiten las estrictas líneas rectas.
Los frontones representan, el uno, el nacimiento de Atenea, a quien vemos junto a su padre Zeus, además de otros dioses;
y el otro, su pugna con Poseidón por hacerse con la soberanía de Atenas. Quién ganó se deduce del hecho de que la ciudad se llama así y no Poseidonia.
Las metopas representan diversas luchas, de dioses y hombre con gigantes, amazonas, centauros, y también algunas escenas de la guerra de Troya.Éste es un original del Museo Británico y el siguiente, aunque parezca incluso menos elegante, se ajusta más a la realidad, dado el gusto griego por la policromía, que el tiempo y su erosión no comparten.
Lo más impresionante de cuanto se conserva son los frisos, que daban la vuelta entera al templo con una representación de las fiestas Panateneas, las más importantes de la ciudad, por supuesto en honor de su diosa protectora. El amigo Fidias esculpió 350 figuras en 160 metros de nada, representando a mujeres que portaban los útiles necesarios para los sacrificios y vestían el peplo, la túnica que después ofrecían a Atenea.La escena concluye en la asamblea de los dioses, y se inicia con lo que para mí es más impresionante visto en conjunto (quizá por lo bien conservadas que están algnas partes), los guerreros que aderezan los caballos y los jinetes que ya están en marcha.
Pero los ritos tenían lugar alrededor del tempo y no dentro, pues los griegos para las cosillas de los dioses eran un poco escrupulosos. En el interior, durante una temporada se guardó el tesoro de la ciudad, que no era poco. Pero Fidias se marcó otro detallito. Una estatua de Atenea Párthenos (virgen), que terminó por dar nombre al edficio. Como era de esperar, siglos después fue víctima del saqueó (y usada para pagar a las tropas de la ciudad) y se perdió, a pesar de sus 13 metros de altura. Lo que ocurre es que la ropa y atuendos estaban recubiertos de oro y la piel de marfil. Es verdad que la reconstrucción parece una muñeca gigante de porcelana, pero sirve para hacerse una idea de lo que debía sentir cualquier personilla ante aquello. Vestimenta guerrera, como siempre, una estatua de Nike (la victoria, no las zapatillas) en la mano y una medusa de marfil en el pecho.
Da un idea del tamaño el hecho de que estatuilla que porta mide dos metros. Para más datos, ésta, la réplica inaugurada en 1990, es la escultura interior más grande del mundo e incluso está ligeramente recubierta de un finísima lámina de oro, para un total de 3 kilos, frente a los más de 1100 de la original.
Creo que tengo mejores cosas que hacer con mi cuerpo humano que desplazarlo hasta Nashville, Tennessee, pero me ha precido curioso e interesante. Y tiene que ser toda un experiencia entrar en esta reconstrucción, aunque quizá resulte un tanto artificial. Pero es que el original, probrecillo, con el cañonazo que se llevó en 1687, bastante tiene con lo que tiene.
martes, 25 de agosto de 2009
El nuevo Partenón
jueves, 11 de septiembre de 2008
El anillo de poder
Hoy la entrada es larga, no asustarse que lo que viene no lo he escrito yo. Tiene ya algunos años y parece que el señor Tolkien lo había leído, como buen aficionado a los mitos, y le sirvió de inspiración para algunas cosillas. Pero bueno, espero que sirva para reflexionar un poco sobre por qué hacemos lo que hacemos y qué es lo que queremos y debemos hacer. En fin, creo que es lo suficientemente claro como para no tener que explicar nada.
Para darnos mejor cuenta de cómo los buenos lo son contra su voluntad, porque no pueden ser malos, bastará con imaginar que hacemos lo siguiente: demos a todos, justos a injustos, licencia para hacer lo que se les antoje y después sigámosles para ver adónde llevan a cada cual sus apetitos. Entonces sorprenderemos en flagrante al justo recorriendo los mismos caminos que el injusto, impulsado por el interés propio, finalidad que todo ser está dispuesto por naturaleza a perseguir como un bien, aunque la ley desvíe por fuerza esta tendencia y la encamine al respeto de la igualdad. Esta licencia de que yo hablo podrían llegar a gozarla, mejor que de ningún otro modo, si se les dotase de un poder como el que cuentan tuvo en tiempos el antepasado del lidio Giges. Dicen que era un pastor que estaba al servicio del entonces rey de Lidia. Sobrevino una vez un gran temporal y terremoto; abrióse la tierra y apareció una grieta en el mismo lugar en que él apacentaba. Asombrado ante el espectáculo, descendió por la hendidura y vio allí, entre otras muchas maravillas que la fábula relata, un caballo de bronce, hueco, con portañuelas, por una de las cuales se agachó a mirar y vio que dentro había un cadáver, de talla al parecer más que humana, que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano; quitósela el pastor y salióse. Cuando, según costumbre, se reunieron los pastores con el fin de informar al rey, como todos los meses, acerca de los ganados, acudió también él con su sortija en el dedo. Estando, pues,
sentado entre los demás, dio la casualidad de que volviera la sortija, dejando el engaste de cara a la palma de la mano; a inmediatamente cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de él como de una persona ausente. Tocó nuevamente el anillo, volvió hacia fuera el engaste y una vez vuelto tornó a ser visible. Al darse cuenta de ello, repitió el intento para comprobar si efectivamente tenía la joya aquel poder, y otra vez ocurrió lo mismo: al volver hacia dentro el engaste, desaparecía su dueño, y cuando lo volvía hacia fuera, le veían de nuevo. Hecha ya esta observación, procuró al punto formar parte de los enviados que habían de informar al rey; llegó a Palacio, sedujo a su esposa, atacó y mató con su ayuda al soberano y se apoderó del reino. Pues bien, si hubiera dos sortijas como aquélla de las cuales llevase una puesta el justo y otra el injusto, es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales. En nada diferirían, pues, los comportamientos del uno y del otro, que seguirían exactamente el mismo camino. Pues bien, he ahí lo que podría considerarse una buena demostración de que nadie es justo de grado, sino por fuerza y hallándose persuadido de que la justicia no es buena para él personalmente; puesto que, en cuanto uno cree que va a poder cometer una injusticia, la comete. Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho más ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. «Y tiene razón al creerlo así», dirá el defensor de la teoría que expongo. Es más: si hubiese quien, estando dotado de semejante talismán, se negara a cometer jamás injusticia y a poner mano en los bienes ajenos, le tendrían, observando su conducta, por el ser más miserable y estúpido del mundo; aunque no por ello dejarían de ensalzarle en sus conversaciones, ocultándose así mutuamente sus sentimientos por temor de ser cada cual objeto de alguna injusticia.
jueves, 24 de julio de 2008
El eterno retorno de lo mismo
Regreso de vacaciones y encuentro la vida tal como la dejé. Y claro, me encuentro en la obligación de retomar todas aquellas cosas que componen mi fascinante existencia: pasar la itv, encontrar una ubicación adecuada para el sofá en el salón y continuar estudiando a partir del punto exacto en que lo aparqué. Es así: uno se va, la actividad se detiene y luego todo vuelve a empezar. Tuve un profesor que siempre repetía aquello del "¡somos tiempo!" y yo creo que como tales recorremos una serie de ciclos que tienden a repetirse. Y como el pensamiento también gira y es en cierto modo circular, como una enciclopedia que te remite de unas entradas a otras hasta nunca acabar, se me ha ocurrido que es buen momento para retomar mi actividad en el blog, y en concreto una de sus secciones, con una historia que remotamente tiene algunas relación con todo esto.
Probablemente los ritos más importantes de cuantos se celebraban en la antigüedad eran los mis
terios de Eleusis, en honor de la diosa Deméter, cuya historia se recreaba parcialmente en el culto. Hija de Cronos y Rea es lógicamente una de las divinidades más antiguas y como tantas otras de su quinta tuvo descendencia gracias a Zeus, que siempre estaba al quite controlándolo todo. De ellos nació Perséfone, que creció feliz junto a las ninfas y las demás hijas de Zeus, hasta que Hades se enamoró de ella. Como éste no veía nada fácil satisfacer sus propósitos, y los dioses se las gastan así, pues decidió raptarla.
Así que un día, mientras Perséfone observaba una flor, abrió una grieta en el suelo y la arrastró hasta los infiernos en que vivía. Deméter, como buena madre y habiendo oído el grito de socorro de su hija, comenzó a buscarla por todo el
mundo conocido, descuidando sus tareas de diosa del cultivo, del trigo y de la fertilidad de la tierra, por lo que todo se heló y se secó. Ante esta situación, el poderoso Zeus se vio en la necesidad de intervenir, mediando cual juez que decide la custodia de una hija. El veredicto obligó a Hades a ceder a Perséfone a su madre parte del tiempo. Por eso, siempre se repite el mismo ciclo cada año, cuando la joven emerge, igual que las semillas, de los pequeños surcos que se forman en la tierra, generando un paisaje florido y lleno de vida. Cuando vuelve a descender, regresan el frío y las inclemencias. Y así una y otra vez...
lunes, 23 de junio de 2008
Mitomanía
Ante la escasez de ideas me dispongo a iniciar una nueva sección, en parte por sugerencias ajenas, y en parte porque así me sirve para aprender y repasar muchas cosas que no me vienen nada mal. Y antes de meterme al trapo, voy a soltar un rollo previamente, porque si no no me quedo a gusto. Espero que las entradas futuras no sean tan pesadas como ésta, porque me estoy convirtiendo en la clase de persona que siempre odié, no sé cómo lo hago.
Tengo un amigo por el levante español que dice muchas veces un frase cuando no está de acuerdo con algo o simplemenete no se lo cree: eso es un mito. Y yo, que sé hacer muy pocas cosas aparte de quejarme, y creo que ninguna mejor, pues nací ya con espítitu de jubilado, quiero quejarme de lo maltratado que está el término en cuestión. Es verdad que hay que veces que suena hasta bien; por ejemplo cuando se dice: Julio Iglesias, aparte de tener el tabique de plata y seis docenas de hijos, a cual más Borjamari, es un mito de la canción. Y esto significa que ha marcado una época o un estilo, o algo así.
Pero en general, un mito es algo que se dice o se cuenta, pero que no es verdad. Y no es que esto sea algo nuevo, sino que viene de muy atrás. Todo estudiante de filosofía del Bachillerato, habrá escuchado aquello de que la filosofía consumó el paso del mito al logos, es decir, que se eliminaron las narraciones míticas basadas en la imaginación y se sustituyeron por las explicaciones racionales y científicas. No voy discutir el hecho de que esta teoría es muy didáctica para quien no tiene tiempo para profundizar más, pero también es cierto que es una de las patrañas más grandes de la historia de la humanidad.
El mito, no es más que una narración o un relato. Y coincide que los primeros relatos del mundo occidental son aquellos sobre el origen del universo, sobre dioses y héroes, y sobre todo aquello mediante lo cual se pretende explicar lo que no se comprende. En cambio, lo que hoy llamamos ciencia parece un saber universal e infalible, que nos enseña la verdad sobre la naturaleza.
Pero ni a los mitos les falta razón ni a la filosofía y la ciencia imaginación. La una utiliza conceptos y la otra, en un determinado momento pasó de la teoría a la cuantificación, y claro, se independizó. Lo cual no impide que en los mitos podamos encontrar elementos muy racionales, sólo que expresados por medio de acciones y personajes.
¿A qué viene, entonces, su mala fama? Pues a que se enjuicia generalmente sin apartar los prejuicios de un estado de conocimiento ciertamente superior. Es fácil reírse al pensar que hay unos señores encima de las nubes que se enfadan de cuando en cuando y nos lanzan rayos, tormentas y maremotos. Pero habría que ver qué pensábamos nosotros si tuviérmos que darle explicación a estas cosas por nosotros mismos. Y hay gente que todavía hoy se cree sandeces bastante más gordas. De hecho, si llamas a un tarot o algo por el estilo, pierdes el derecho a reírte de cualquier otra cosa.
La ciencia, por su parte, tiene sus mitos, y su supuesta verdad e infalibilidad se anulan en el momento en que hay una historia de la ciencia, que avanza y va superando teorías que, vistas desde una nueva perspectiva se muestran falsas, al menos parcialmente. Aparte de saberse de memoria muchas fórmulas, para ser un buen físico hay que tener una gran imaginación, porque al fin y al cabo se trata de establecer teorías que concuerden con los hechos, y normalmente las teorías no se deducen directamente de los hechos, sino que se crean en la mente y en la imaginación de alguien y después se contrastan y se ponen a prueba.
Pero, a pesar de todo, los mitos siguen despertando interés y admiración, en un mundo que tiene muy poco que ver con aquél en el que surgieron. Así que, cada vez que me apetezca, contaré algún mito o alguna historia sobre un personaje de la mitología, griega, por supuesto. Los mitos no son verdad, pero nada lo es, y lo que lo es, tarde o temprano deja de serlo. Es el ciclo de la vida.

